martes, 15 de marzo de 2011
La Diosa y la espada
En la oscuridad, donde habitan los pensamientos que viven en el eterno pasado, veo caer sobre mi, las ruinas de la desesperación; voy hundiéndome despacio por las cavernas del inconsciente tratando de dejar viejas cargas...Me encuentro junto al lago de la mítica y mágica espada, tratando de razonar porque me había sido negada a mí. Y no encontrando ninguna absurda respuesta, me adentro para rescatarla... Por qué no ha de ser mía- me pregunto-, Si yo la he visto nacer, desde aquellos días antiguos, llena de símbolos que significan poder y voluntad. Recuerdo al Dios poderoso que la forjó y entre aromas y cánticos le dio vida.. Alli estaba yo, de rodillas en una estrella observándolo todo, su consagración, su divinidad entera. Pero no entendía porque no podía llevarla conmigo. Que mal podría hacerle yo. Solo quería tenerla en mis manos. Así que un día sin más, me decidí. Corrí el velo del templo sagrado, me adentré en esa cueva llena de guardianes y de voces terribles. Había dioses creadores por todas partes. Preparé un brebaje con el aroma de mi cabello y el polvo de estrellas lejanas, invoqué a las musas del fuego sagrado y obtuve ciertas especias... concebí por primera vez el gran elixir. Se los di a los guardianes quienes lo tomaron gustosos. Uno tras uno caían como dormidos, dejándome pasar por el laberinto de las interminables columnas alzadas que sostienen los nueve universos. Y por fin, después de tanto andar sobre estrellas, la vi a ella, la gran espada flamígera. Hermosa como ninguna, pesaba como planetas enteros, brillante como mil soles. En su interior se podía ver el destino de quien le mirase, y fué entonces que me decidí, quise ver mi destino, aunque era absurdo pensarlo porque yo había sido la creadora de mi misma, pero aún así quise mirar...Me vi cayendo desde la parte mas alta, la espada venía conmigo pero se hacia cada vez mas pesada, parecía que ella jalaba de mí. Caía y no había retorno. Los dioses estaban tan dormidos por el brebaje que no se dieron cuenta, nadie podía protegerme. Acaso era un castigo por querer saber??? A mi paso, dejé miseria y destrucción, la quietud de los universos se volvió movimiento constante, los soles chocaban entre sí y comencé la cadena de la evolución. Después del terrible suceso y de muchas edades infinitas, la espada y yo quedabamos olvidadas en un nuevo planeta de una galaxia común, nadie vió nuestra llegada aquí, porque no existía nada. Bastaron minutos cósmicos de mi existencia para que se sucedieran edades diminutas de este planeta. Me ví atrapada en el espacio sin tiempo, podría escapar pero eso traería grandes desgracias, además, me había acostumbrado a las historias que se contaban alrededor de mí, viviendo como guardiana de este lugar, aunque en el fondo era todo lo que no podían concebir. Muchos me llamaban La Madre, porque gracias a mi, se alimentaron y vivieron. Y si lo soy porque vivo y me muevo en ellos aunque me habian olvidado, me había alimentado del amor, de sus ilusiones y sueños mágicos, aunque ahora... habian dejado de soñar.. Solo habían quedado escombros que provocaban incansablemente mi ira y desesperación. Ni siquiera trataron de buscar la olvidada espada, la que había sido clavada en mi corazón como castigo por haberla hecho caer. Entonces vi como mis lagrimas provocaron la destrucción de muchos, mis quejas causaron el hundimiento de continentes..
Y es que acaso debía quedarme sin sentir para protegerlos? debía callar mi dolor para no lastimarlos? Me ví castigada en una infinita agonía, atada al amor de ellos a quienes había visto nacer...al final, pude comprender que eso es lo que significaba ser una Madre..
Y a pesar del oscuro sentimiento que provenía de esa visión, pensé que valía la pena el ser amada, tan solo un momento, por ellos a quienes di el aliento. Mi recompenza seria saber, que al final, siempre regresarán a mi.
Fué entonces cuando caí desde la parte mas alta...
LOBITA
Publicado por LOBITA en 12:58
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